Egan Bernal lidera el Giro de Italia tras 13 etapas con 45 segundos de ventaja respecto al ruso Vlasov y 1:12 sobre el italiano Caruso. Diferencias que serán papel mojado este sábado, cuando la carretera se empine hacia la meta del temible Monte Zoncolan. Un coloso que promete poner patas arriba la carrera y que servirá para medir las fuerzas del líder colombiano, intratable hasta ahora.

Al norte del país transalpino, cerca de la frontera con Austria y Eslovenia, a un paso de Udine, aguarda el gigante italiano, a 1.730 metros sobre el mar, a mitad de camino entre el infierno y el cielo. Un puerto especial que pondrá a cada uno en su sitio y a todos al límite de sus fuerzas. Esta vez no se sube por su vertiente más dura (Ovaro), pero no dejan de ser catorce kilómetros de ascensión tras casi 200 km, con una pendiente media del 8,5% y rampas inhumanas en los tres últimos kilómetros, muy exigentes. En estos últimos 3 kms cambia el decorado, el Zoncolan muestra sus garras en una carretera que se estrecha con una subida temible. La media de inclinación de este sector final es del 13%, pero los corredores encontrarán muros superiores al 20. El último kilómetro tiene un 18. Una auténtica salvajada que augura zafarrancho de combate.

Simoni, Basso, Froome…

Cinco valientes tienen el honor de haber inscrito su nombre como vencedores en el majestuoso Zoncolan en las seis veces que ha sido final de etapa en el Giro en las dos últimas décadas. El primero fue el italiano Gilberto Simoni en 2003, vencedor también en 2007 y el único que ha repetido hasta el momento. Después alzaron los brazos el italiano Ivan Basso, el español Igor Antón, el australiano Michael Rogers y todo un campeón como el británico Chris Froome en 2018.

El Zoncolan es una de esas cumbres modernas que habían estado sin explotar hasta hace poco. Lo ‘descubrió’ para el ciclismo de alta competición el italiano Francesco Guidolin, ex futbolista y técnico de larga trayectoria en la Serie A. En el verano de 1998, mientras hacía la pretemporada como técnico del Udinese cerca de la montaña, un joven de un pueblo cercano le animó a intentar el desafío de subirlo. Hizo los tres primeros kilómetros antes de tener que poner pie a tierra para poder seguir. El Giro tenía un nuevo coloso que ahora espera a Bernal.

Sería especial ganar en el Zoncolan, pero es difícil controlar el pelotón. Sería feliz si pudiera quedarme con la maglia rosa, pero lo haré lo mejor que pueda”, dijo el colombiano antes del día clave. Porque la ascensión al Zoncolan es para hacer diferencias, para ganar o perder un Giro. Hay terreno, sólo hacen falta piernas.

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