Las investigaciones muestran que las vacunas contra el COVID-19 refuerzan los niveles de anticuerpos y mejoran la respuesta inmunitaria en aquellos que ya han tenido COVID-19. Las vacunas no eliminan los anticuerpos que una persona que se ha recuperado de la enfermedad desarrolla, como publicaciones en redes sociales vienen diciendo incorrectamente durante meses.

Historia completa

Varias investigaciones muestran que las vacunas contra el COVID-19 proveen protección adicional para aquellos que ya han contraido una infección por SARS-CoV-2, el virus que causa el COVID-19. Las vacunas son seguras y efectivas en proteger a las personas contra la enfermedad, inclusive para aquellos que ya la han tenido, y no eliminan la inmunidad natural, como publicaciones en redes sociales han dicho erróneamente.

Amesh Adalja, experto en enfermedades infecciosas e investigador sénior en el centro de seguridad médica de Johns Hopkins, dijo a FactCheck.org que la vacunación no elimina, reduce o reemplaza en ningún modo los anticuerpos desarrollados luego de una infección.

“La vacunación aumenta la inmunidad natural, haciéndola más robusta y duradera”, dijo en un correo electrónico.

Sin embargo, cientos de usuarios de TiKTok han vuelto a utilizar un clip de audio, proveniente de un video que se publicó meses atrás, que engañosamente afirma que las vacunas contra el COVID-19 eliminan los anticuerpos contra el coronavirus desarrollados tras una infección. Los videos en TikTok, algunos con más de 50.000 y 90.000 me gusta, muestran a diferentes personas escuchando y reaccionando al audio que comienza con la voz de una presentadora de noticias anunciando una advertencia sobre las vacunas contra el COVID-19.

El clip proviene de una nota publicada en febrero por KMOV-4, un canal de televisión afiliado a CBS en St. Louis, Misuri. La nota dice erróneamente: “La Cruz Roja dice que cualquier persona que haya recibido una vacuna contra el COVID-19 no puede donar plasma convaleciente para ayudar a otros pacientes de COVID-19 en el hospital. Ese plasma contiene anticuerpos de personas que se han recuperado del virus, pero la vacuna elimina esos anticuerpos”.

La Cruz Roja de Estados Unidos dijo a FactCheck.org en un correo electrónico que “la información que el comunicador regional le entregó a la estación local originalmente fue lamentablemente malinterpretada en el noticiero”. El canal de noticias luego rectificó la información el 27 de mayo.

La Cruz Roja dejó en claro en ese entonces que sí estaba recibiendo donaciones de sangre y de plasma de personas vacunadas, pero que había descontinuado el programa de donaciones de plasma convaleciente a fines de marzo. El plasma es el fluido claro y amarillento de la sangre, mientras que el plasma convaleciente es el plasma de personas que se han recuperado de una enfermedad, que contiene anticuerpos para esa enfermedad.

El 23 de agosto de 2020, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) otorgó una autorización de uso de emergencia para el uso de plasma convaleciente de personas que se hayan recuperado del COVID-19 para tratar pacientes hospitalizados con la enfermedad. El 4 de febrero de 2021, luego de estudios adicionales, la FDA actualizó la autorización de uso de emergencia para limitarla y autorizar solo el plasma convaleciente de COVID-19 con altos niveles de anticuerpos para el tratamiento de pacientes hospitalizados que estuvieran comenzando el ciclo de la enfermedad y para aquellos que no puedan producir una respuesta inmunitaria adecuada.

Estadísticas de los ensayos mostraron que no hubo beneficios clínicos en el uso de plasma convaleciente con niveles bajos de anticuerpos. En su Guía para Tratamientos para el COVID-19, los Institutos Nacionales de Salud dicen que varios ensayos clínicos aleatorizados “no han demostrado la eficacia del plasma convaleciente para el tratamiento de pacientes hospitalizados con COVID-19” que no tengan problemas inmunitarios, y los NIH recomiendan en contra del uso de éste fuera de un ensayo clínico. Incluso para aquellos con el sistema inmunitario debilitado, los NIH dicen que hubo “insuficiente evidencia … para recomendar en contra o a favor” del uso de plasma convaleciente con altos niveles de anticuerpos.

En un documento que guía las donaciones de plasma convaleciente de COVID-19 emitido por la FDA en noviembre, antes de que las vacunas fueran autorizadas, las personas que hubieran recibido una vacuna a través de un ensayo clínica no eran elegibles para donar plasma convaleciente. Esas directrices fueron actualizadas en enero, haciendo elegibles a las personas vacunadas siempre y cuando hayan tenido una infección previa, recibido un diagnostico antes de ser vacunados y estén a seis meses del término de los síntomas del COVID-19. La recomendación es para “asegurar que el plasma convaleciente de COVID-19 recolectado de los donantes contenga suficientes anticuerpos directamente relacionados con su respuesta inmunitaria a la infección del COVID-19”.

El plasma de personas vacunadas que no han tenido una infección por SARS-CoV-2 no es plasma convaleciente, porque nunca convalecieron la enfermedad. Una vocera de la FDA nos dijo por correo electrónico: “Los datos que sustentaron la autorización de uso de emergencia del plasma convaleciente de COVID-19 para tratar pacientes hospitalizados con COVID-19 fueron obtenidos a través de donaciones de plasma convaleciente de individuos que tuvieron COVID-19, no de personas vacunadas que no hubieran tenido COVID-19”. La vocera dijo que aunque una persona vacunada “está protegida contra el COVID-19 … no hay estadísticas de si su plasma pueda ser efectivo para el tratamiento de pacientes hospitalizados con COVID-19”.

Las personas con una infección previa y las personas vacunadas desarrollan anticuerpos para el SARS-CoV-2, pero hay una pequeña diferencia. Una persona que ha sido infectada por el virus produce anticuerpos para varias partes del virus, incluyendo la proteína nucleocápside y otras, mientras que alguien que recibe una vacuna autorizada o aprobada por la FDA solo produce anticuerpos para la proteína de espícula del virus. El hecho de que la FDA incluyera a personas con infecciones previas que luego recibieron la vacuna en el grupo de personas elegibles para realizar donaciones de plasma convaleciente derrumba el mito de que la vacuna, o los anticuerpos producidos por la vacuna, eliminan los anticuerpos producidos tras una infección natural.

La Cruz Roja no implementó las directrices de la FDA porque decidió dejar de recolectar plasma convaleciente. En un correo electrónico a FactCheck.org, una representante de la Cruz Roja dijo que el programa había terminado por una baja en la demanda de los hospitales, por contar con suficiente abastecimiento y también por “cambios sistémicos complejos” que serían necesarios para aceptar plasma convaleciente de donantes vacunados.

La Cruz Roja nos dijo que siguió sometiendo las donaciones de sangre a pruebas para detectar anticuerpos al COVID-19 hasta el 14 de junio de 2021, y pudo utilizar aquellas con altos niveles de anticuerpos como plasma convaleciente.

En julio, la Cruz Roja intentó desmentir la información errónea con una página de Preguntas y Respuestas sobre vacunas contra el COVID-19 y elegibilidad de donantes de sangre o plasma..

“Hay declaraciones circulando que incorrectamente estipulan que la Cruz Roja no aceptará donaciones de plasma convaleciente de personas que hayan recibido una vacuna contra el COVID-19 porque ‘la vacuna elimina esos anticuerpos haciendo que el plasma convaleciente sea inefectivo en el tratamiento de otros pacientes de COVID-19’. Eso no es correcto”, dice su página web (el énfasis en cursivas lo hace la Cruz Roja).

Las afirmaciones erróneas han sido verificadas una y otra y otra vez, sin embargo, siguen diseminándose.

La doctora Rachel M. Presti, profesora asociada de medicina en la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis que ayudó a conducir ensayos clínicos para las vacunas contra el COVID-19 y ha estudiado la respuesta inmunitaria al SARS-CoV-2 tras una infección y tras la vacunación, dijo que no hay evidencia de que las vacunas eliminen la inmunidad natural ante el SARS-CoV-2, o ante cualquier otra infección.

“Eso sería algo que sería muy obvio en los ensayos y especialmente en los estudios iniciales de seguridad. Usted sabe, en cualquiera prueba de sangre podemos detectar cuántos anticuerpos usted tiene en general y no hemos visto eso variar significativamente después de una vacunación”, dijo en una entrevista telefónica. Si la vacuna eliminara el sistema inmunitario de una persona, las millones de personas vacunadas estarían contrayendo infecciones todo el tiempo, dijo, “y clínicamente, no estamos viendo nada de eso”.

El hecho es, agregó Presti, que los anticuerpos específicos al SARS-CoV-2 “siempre aumentan después de una vacunación”.

Las vacunas refuerzan la inmunidad

Lo que Presti y otros investigadores han observado es que las vacunas mejoransignificativamente la respuesta inmunitaria contra el virus en aquellos con una infección previa. De hecho, las personas con infecciones previas que reciben una vacuna desarrollan lo que los investigadores llaman “inmunidad híbrida” o incluso “super inmunidad”.

“Lo que hemos visto en nuestros estudios es que las personas que ya tuvieron una infección y que luego reciben una vacuna, tienen mayores niveles de anticuerpos contra la proteína de espícula, ese anticuerpo protector, que las personas que solo han recibido vacunas”, dijo Presti.

Una investigación que observó la respuesta inmunitaria impulsada por las vacunas de ARNm en personas con y sin infecciones previas de coronavirus, publicado por un equipo de la Escuela de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania en Science Immunology en abril, encontró que “en personas que se han recuperado del SARS-CoV-2, las respuestas de anticuerpos y de células B de memoria fueron reforzadas significativamente después de una primera dosis”. Una investigación más reciente publicado por el equipo en Science en octubre obtuvo resultados similares.

A pesar de que las investigaciones han observado que la mayoría de las personas que se recuperan del COVID-19 están protegidas de una reinfección, el nivel de la respuesta inmunitaria puede variar entre personas y la duración de esa protección aun es incierta.

“Alguna gente, de hecho, tiene niveles de anticuerpos bastante bajos, insuficientes para neutralizar el virus, especialmente las variantes del virus. Cuando todos se vacunan, los niveles de anticuerpos y neutralizantes suben uniformemente, por lo que hay una mejora en al menos una de las medidas claves de la inmunidad seguido de una vacunación,” dijo a FactCheck.org E. John Wherry, director del Instituto de Inmunología de la Universidad de Pensilvania y el autor principal de los estudios, en una entrevista telefónica en abril.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) recomiendan que las personas que se han recuperado del COVID-19 se vacunen porque “las investigaciones aún no han demostrado por cuánto tiempo una persona está protegida del COVID-19 después de haberse recuperado” y porque la “vacunación le brinda protección incluso si ya tuvo COVID-19”.

Un estudio de los CDC publicado en agosto encontró que residentes no vacunados de Kentucky con infecciones previas por SARS-CoV-2 que no se vacunaron después tenían “más del doble de posibilidades de volver a infectarse” con el virus, en comparación con quienes se vacunaron después de la infección.

No todas las enfermeras y doctores tienen inmunidad natural para el COVID-19

Una publicación en Instagram llevó la aseveración más allá, justo cuando más estados y países comenzaban a exigir la vacuna en trabajadores de la salud, afirmando falsamente que las enfermeras y los doctores “por definición” no necesitan vacunas porque todos “quienes hayan trabajado en un hospital en estos últimos dos años sin una vacuna ya tienen inmunidad natural”.

Eso no es correcto. Adalja, de Johns Hopkins, nos dijo que aunque algunas enfermeras y doctores “tienen un grado de inmunidad natural si es que han sido infectados por el virus”, las investigaciones muestran que no todos los trabajadores de salud tienen anticuerpos.

“Por ejemplo, yo he estado cuidando de pacientes con COVID-19 durante toda la pandemia y me hice pruebas de anticuerpos dos veces antes de vacunarme y los resultados fueron negativos”, escribió.

Una investigación realizada por los CDC recolectó muestras de suero de trabajadores de la salud trabajando con pacientes de COVID-19 en primera línea en 13 centros médicos en EE. UU. desde el 3 de abril al 19 de junio de 2020. Solo un 6% de los 3.248 participantes dieron positivo en pruebas de anticuerpos para el SARS-CoV-2. Esto es porque la única manera de que alguien tuviera anticuerpos contra el coronavirus en ese entonces, antes de que las vacunas estuvieran autorizadas, era que contrajera la infección, y no todos los trabajadores de la salud la contraen.

“Trabajar en la primera línea no significa necesariamente tener inmunidad”, nos dijo Presti. “La razón por la cual no todos los doctores y enfermeras se han enfermado o muerto de COVID no es porque tengan inmunidad natural, es porque están usando equipo de protección como mascarillas, batas, guantes y todo aquello”.

La Organización Mundial de la Salud estimó que al 24 de mayo, al menos 115.000 trabajadores de la salud habían muerto de COVID-19 a nivel mundial. Y según un informe del Consejo Internacional de Enfermeras publicado en marzo “millones de infecciones de COVID-19 han sido informadas entre trabajadores de la salud en el mundo” y cerca de 3.000 enfermeras y enfermeros han muerto de COVID-19 en 60 países.

“Las enfermeras, sus colegas y sus pares, siguen siendo vulnerables al COVID-19, especialmente cuando no están vacunadas”, dijo a FactCheck.org la Asociación Estadounidense de Enfermeras, que apoya los mandatos de vacunación, en un correo electrónico. “Incluso con inmunidad natural, la vacunación aumenta la respuesta inmunitaria y provee protección adicional en la ausencia de estadísticas claras que indiquen la duración y fortaleza de la inmunidad natural en la presencia de variantes altamente transmisibles, como la variante Delta”.

 

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