El régimen de Xi Jinping no escatima cuando se trata de extender la influencia china en el mundo. Más aún si eso conlleva un choque de influencias con Occidente.

En el año 2006, Montenegro se separó de Serbia y se convirtió en un país independiente. Con una población de apenas 600.000 habitantes, en 2017 se unión a la OTAN, a pesar de las objeciones de Rusia, su principal inversionista. En su afán por convertirse en una próspera nación del este de Europa, espera poder unirse a la Unión Europea en 2024. Esta condición de país emergente, en vías de desarrollo, y que aún no pertenece al bloque continental, llevó a Beijing a posar sus ojos sobre esta nación montañosa y llevar a cabo lo que se conoce como la estrategia de la “Nueva ruta de la seda”.

Años atrás surgió la idea de construir una extensa autopista que uniera Italia con Grecia, pasando por varios países de los Balcanes. Entre ellos, Montenegro. Sin embargo, ni la Unión Europea ni las naciones implicadas llegaron a un acuerdo. Si bien varios contratistas privados se mostraron dispuestos a licitar, los bancos que financiarían el proyecto concluyeron que los ingresos por peajes no alcanzarían para amortizar el elevado costo estimado en casi mil millones de euros.

Beijing, entonces, vio una oportunidad. En 2013 la China Road and Bridge Corporation (CRBC) y el China Exim Bank ofrecieron financiar y construir parte de la carretera Bar-Boljare, de 169,2 kilómetros, entre el puerto de Bar (Montenegro) y la ciudad de Boljare (Serbia). El banco estatal chino otorgó un préstamo para financiar los primeros 41 kilómetros de la autopista que une el sur con el norte del país.

El actual Ejecutivo, que tomó posesión del cargo en diciembre pasado, rechaza el acuerdo para construir lo que califica como “la autopista más cara del mundo”. La primera fase del proyecto, de 41 kilómetros, con 20 puentes y 16 túneles a través de un terreno montañoso y accidentado, ha costado 20 millones de euros por kilómetro, siete veces más de lo habitual. En efecto, se trata de una de las autopistas más caras del mundo. El total del préstamo, que cuenta con un periodo de amortización de 20 años, ronda los 1.000 millones de euros; monto que representa el 16% del Producto Interno Bruto (PIB) del país balcánico. El próximo mes de julio el gobierno montenegrino deberá devolver a China los primeros 33,7 millones de euros. Con este crédito chino la deuda pública ha subido casi un 20% al pasar del 66,3% del PIB en 2017 al 79,6% en 2019.

Organizaciones que luchan contra la corrupción consideran que este proyecto supone una carga excesiva para las modestas finanzas del país. “Debemos construir infraestructuras que favorezcan el desarrollo de nuestra economía y no construir proyectos que, por impresionantes que parezcan, no podemos permitirnos”, advirtió a la agencia EFE Mirza Krnic, gerente de KOD, una ONG anticorrupción.

Además de cara, la obra es lenta: la constructora estatal que se encarga del proyecto lleva trabajando desde 2015 en ese primer tramo.

Milo Đukanović, presidente de Montenegro (REUTERS/Stevo Vasiljevic)Milo Đukanović, presidente de Montenegro

A día de hoy, el Gobierno nunca especificó los beneficios económicos de esta enorme y compleja infraestructura. Sólo se ha limitado a señalar que la autopista permitirá el desarrollo del norte del país, que es más pobre que la zona sur del litoral mediterráneo.

Milojko Spajic, Ministro de Finanzas, declaró en una entrevista al Financial Times que “Montenegro es lo suficientemente pequeño como para que sea una decisión fácil” para la UE ayudar a refinanciar el préstamo. En ese sentido, un funcionario de la Comisión Europea, explicó: “Políticamente queremos ayudar, pero la cuantía del préstamo es desproporcionada en relación con el tamaño de la economía, por lo que la mecánica aún no es evidente”.

Si bien la Unión Europea se ha mostrado dispuesta a “ayudar”, el bloque aclaró que Montenegro debería comprometerse a realizar una serie de reformas fiscales, ya que el proyecto de la autopista no se ajusta a las normas del bloque.

Por su parte, los detalles del contrato son poco claros, casi un secreto de Estado. En caso de un desacuerdo entre ambas partes, es un tribunal chino el que decide, por lo que el país europeo no podría interponer demandas ante un tribunal de arbitraje internacional. Asimismo, si Montenegro dejara de pagar, los términos del contrato dan al régimen de Beijing el derecho de acceder a tierras montenegrinas como garantía. Algo similar ocurrió con Sri Lanka. Cuando el gobierno no pudo cumplir los pagos de un puerto construido y financiado por China en 2017, el régimen de Xi Jinping presionó para que su país asuma el control de las instalaciones durante los próximos 99 años.

Algunos llaman a esta estrategia china como “diplomacia de la trampa de la deuda”. El régimen hace uso de su poder económico, geopolíticamente logra posicionarse en regiones que le interesan para hacer contrapeso a las potencias occidentales, y en caso de que los países no puedan pagar, se apodera de sus activos más adelante.

A casi seis años de haber comenzado los trabajos de construcción, todavía se desconoce cuánto avanzó la constructora estatal chinaA casi seis años de haber comenzado los trabajos de construcción, todavía se desconoce cuánto avanzó la constructora estatal china

“En el caso de que China decida no revisar los términos, es fundamental que la UE intervenga con mecanismos creativos de refinanciación para que Podgorica pague la deuda, pero que también mande un mensaje de disciplina político-económica al resto de candidatos de la región”, explicó a la agencia EFE Miguel Roán, politólogo y creador de “Balcanismos”, una plataforma que divulga desde Belgrado (Serbia) información sobre la región.

Tena Prelec, académica de la Universidad de Oxford que estudia la región balcánica, también consideró que la petición de Montenegro representa una oportunidad para Bruselas para frenar el expansionismo chino: “La UE debería intervenir (…) Montenegro está en el patio trasero de la UE: sería, por fin, una forma concreta de demostrar que la UE es realmente un actor, un verdadero actor geoestratégico”.