Ahora que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, en inglés) ha aprobado por completo la vacuna contra el COVID-19 de la farmacética Pfizer, más empleadores y universidades están exigiendo la inmunización. Algunas personas pueden solicitar exenciones médicas para no recibir la vacuna, pero ¿qué condiciones las justifican?

Las empresas y otras instituciones pueden determinar qué exenciones médicas aceptarán y podrán dejar la decisión en manos de los médicos.

“La gente buscará una exención por todo tipo de razones pero no hay muchas válidas”, aseguró John Grabenstein, de la Coalición de Acción de Inmunización, un grupo de educación sobre vacunas, y antiguo director ejecutivo de asuntos médicos para vacunas en Merck.

Normalmente, las exenciones médicas se basan en contraindicaciones  citadas por la FDA, junto con las orientaciones de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés) y otros grupos médicos importantes.

En el caso de la vacuna de Pfizer, la lista es bastante corta: la única contraindicación enumerada por la FDA es un “historial conocido de una reacción alérgica grave a cualquier componente” de la vacuna.

Los CDC indican también que las vacunas contra el COVID-19 están contraindicadas en personas que hayan tenido reacciones alérgicas graves o reacciones alérgicas inmediatas —que se produzcan en un plazo de cuatro horas y que incluyan síntomas como urticaria, hinchazón y sibilancias (sonidos agudos y silbantes que se producen durante la respiración)— después de recibir cualquier ingrediente de una vacuna o después de dosis anteriores de esa vacuna.

Esto no significa que cualquier persona con antecedentes de algún tipo de alergia o anafilaxia no pueda recibir la vacuna por razones médicas.

“Así que si eres alérgico a los cacahuates, es irrelevante, porque no hay manís en las vacunas”, dijo Grabenstein. “Si eres alérgico al polen, es irrelevante, porque no hay ambrosía. Si eres alérgico a la penicilina, no hay penicilina en las vacunas. Así que tienes que ser alérgico a un componente de la vacuna”.

El número de personas que han tenido reacciones anafilácticas a las vacunas contra el COVID-19 es muy pequeño, de dos a cinco casos por cada millón de dosis, dijo el doctor Niraj Patel, presidente del Grupo de Trabajo de la Vacunas contra el COVID-19 del Colegio Estadounidense de Alergia, Asma e Inmunología.

“Poniendo esto en perspectiva, es tan probable que te caiga un rayo como que tengas una reacción alérgica a una vacuna”, señaló.

Patel señaló que los médicos aún no están seguros de qué componente de las vacunas podrían desencadenar la anafilaxia. En el caso de las vacunas de ARNm fabricadas por Pfizer y Moderna, se sospecha que el culpable es el polietilenglicol, o PEG.

En el caso de la vacuna de Johnson & Johnson, podría ser el polisorbato 80. Ambos compuestos se utilizan en otros productos comunes que la gente puede encontrar regularmente. El PEG, por ejemplo, es un ingrediente común en los laxantes de venta libre. Y el polisorbato 80 se utiliza como emulsionante para hacer más cremosos alimentos como el helado y el pudín.

Dado que los ingredientes difieren entre las vacunas de ARNm y la vacuna de Johnson & Johnson, es posible que una persona que sea alérgica a una vacuna de ARNm pueda recibir con seguridad la vacuna de Johnson & Johnson, y viceversa, según Patel, aunque aconsejó consultar primero con un alergólogo.

¿Qué ocurre con otras enfermedades?

En cuanto a las preocupaciones sobre las vacunas contra el coronavirus en personas inmunodeprimidas, Patel dijo que las vacunas son tan seguras como en la población general y, de hecho, la FDA autorizó recientemente una inyección de refuerzo de las vacunas Pfizer o Moderna para algunos pacientes con sistemas inmunitarios muy debilitados, como los receptores de trasplantes de órganos, porque necesitan una protección adicional.

Los pacientes con cáncer que están recibiendo quimioterapia u otros tratamientos que pueden debilitar su sistema inmunitario también pueden recibir la vacuna con seguridad, pero deben hablar con sus médicos sobre el momento de las inyecciones, dijo Julie Gralow, directora médica de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica.

Las vacunas contra el COVID-19 no contienen ningún virus vivo, “por lo que no hay que preocuparse de que se vaya a producir una infección”, añadió, pero algunos pacientes pueden estar “en un punto de su tratamiento en el que simplemente sabemos que no van a dar una respuesta inmunitaria”.

En esos casos, los oncólogos pueden recomendar que se aplique la vacuna en otro momento, no porque pueda causar daños, sino para estar más seguros de que la dosis funcionará como se supone que debe hacerlo.

Los CDC afirman que las vacunas pueden administrarse a embarazadas y a la mayoría de las personas con enfermedades subyacentes, siempre que no tengan alergias graves a la vacuna.

Los pacientes pueden hablar de sus preocupaciones con sus médicos personales, que pueden hacer sugerencias sobre el momento o el tipo de vacuna que deben ponerse.

Por ejemplo, en los raros casos en los que alguien desarrolla una inflamación del corazón conocida como miocarditis o pericarditis después de una vacunación con ARNm, los CDC aconsejan que los pacientes que deseen recibir una segunda dosis esperen hasta que los síntomas se hayan resuelto.

Y los pacientes con síndrome de Guillain-Barré pueden decidir, en consulta con los médicos, recibir una vacuna de ARNm en lugar de la vacuna de Johnson & Johnson, que se ha relacionado con un riesgo potencialmente mayor de padecer el síndrome.

El resultado final, dijo Grabenstein, es que la gran mayoría de las personas pueden recibir la vacuna de forma segura, por lo que no muchos deberían poder alegar verdaderas exenciones médicas.

Whats-App-Image-2021-11-12-at-5-04-38-PM

2021-WEB-BANNER

2021-TOYOTA-WEB-BANNER