Por: Nelson Merchán-Cely

Será que uno viene ya con todo, el espíritu, la voluntad, el deseo de superación en fin todo aquello que nos hace diferentes uno del otro. Yo creo que sí. No obstante es precisamente esa capacidad la que nos infunde la dinámica que arrolla, que hace realidad aquello que llamamos imposible. ¿Hemos notado esto en nuestras familias? Solo como ejemplo. Verdad, uno llega a pronosticar que algunos van a superarse pero otros se quedarán atrás.

Este ejemplo corrobora por qué aquellos con esa capacidad e inclusive sin ella, llegan a posiciones que nos asombran. Hace un par de semanas un joven ingeniero de sistemas empezó ganando $80.000 dólares anuales. Por un lado, podemos pensar que había nacido para esa posición. Obvio, no en vano, era un excelente estudiante, creativo, responsable, con coraje, propósito y lo que es más, humilde. Su familia, primero que todo.

En otras palabras él sabía que podía, por lo que pudo lograr lo que se proponía. Ahora veamos desde un punto de vista familiar, como las cosas pueden variar, o por el contrario corroborar cómo funciona.

Para el caso un ejemplo. El Ministerio de Educación de Colombia, había creado un programa de intercambio de experiencias para niños de primaria, viajando a la Costa Atlántica, específicamente Barranquilla, por unos ocho meses. Una bella madre, Aura, tuvo conocimiento y de inmediato consideró que debía hablar con la directora de uno de los cursos para que su segundo hijo estuviera entre los seleccionados. No había más que hacer manos a la obra. Bueno, a caminar se dijo y a la escuela llegó.

Su hijo era uno de los estudiantes que le agradaba ayudar a su maestra, entre otras cosas él le llevándole su maletín. Ella aceptaba tal atención. ¡Ah! La profesora a cargo del curso se llamaba Elizabeth Latorre García. Tan pronto le hablo, quedó entre los preseleccionados. Ahora la bella madre tenía que hablar con su esposo, Pedro. Dinero no había mucho y de seguro habría que hacer algún desembolso. ¡Wow! Ella tenía que convencer tanto a la profesora como a su esposo, caso contrario su segundo hijo no podría viajar. El de pronto no sabía, lo que eso significaba un viaje en avión, conocer el mar, siendo niño.

La profesora Latorre García, citó a reunión de padres de familia. Oh Dios, ella había estado orando para que Dios le permitiera que su segundo hijo viajara. Que interesante el esfuerzo y la fe que ella le tenía tanto a Dios como a su  capacidad para lograr lo que ella se proponía. Al fin y al cabo era algo para su segundo hijo, que a la larga beneficiaría a la familia. El viaje era en avión de la Fuerza Aérea de Colombia, la residencia sería un precioso edificio con cara al mar, donde  recibirían hospedaje y alimentación sin costo para los padres. Salvo centavos para gastos emergentes.   

La bella madre no sabía que Virgilio, famoso pensador, había acuñado la siguiente frase: “Pueden, porque creen que pueden”.

La meta de la bella madre era, que su segundo hijo fuera el estudiante escogido. Había algo en su personalidad, seguramente nunca había escuchado tal frase. No había necesidad, ya que ella lo llevaba consigo. Ella venía de una familia que siempre había hecho mérito a sus antepasados, hombres y mujeres de campo, ya algunos residentes en Bogotá, con su negocio propio, como ella y su esposo, Pedro. Ella había nacido con tal corazón, voluntad,  sentido de lograr lo que se propusiera. Ella lo lograría.

La profesora Latorre García, hace la presentación del tema de la reunión y dice que ya han preseleccionado tres niños, pero que antes del fin de la semana se indicará el seleccionado.

La bella madre espera que todos se vayan y le dice a la profesora que ella ha soñado que su hijo será el seleccionado. Ella le pregunta ¿cómo sabías? “No sé, solo sé que el escogido es mi segundo hijo  Y así fue, quien hoy escribe estas líneas, hizo historia en la familia.

La bella madre no sabía de frases, solo sabía lo que sus padres le habían inculcado y lo que ella había aprendido a través de la vida diaria. Por eso dicho estaba, Dios dijo, “Ten fé y pídeme lo que  desees que nada te será negado”. Entre ellos cinco hijos, siendo Nelson el segundo.