A medida que las tasas de transmisión del coronavirus se reducen, lo que indica que el aumento generado por Ómicron se está aminorando, muchos se preguntan si la variante más reciente será el último incremento de la pandemia de COVID-19.

Sigue existiendo un debate considerable en torno a esa cuestión. Algunos expertos son reacios a hacer pronósticos, dado que las predicciones anteriores sobre la conclusión de la pandemia no han resultado ser ciertas.

Pero una cosa está clara: Los científicos generalmente señalan que es demasiado pronto para declarar un “final” para el COVID-19.

“Hay diferentes escenarios sobre cómo podría desarrollarse la pandemia y cómo podría terminar la fase aguda. Pero es peligroso suponer que Ómicron será la última variante o que estamos en el final”, señaló el lunes Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Por el contrario, a nivel mundial, las condiciones son ideales para que surjan más variantes”.

“Es cierto que viviremos con el COVID en el futuro previsible y que necesitaremos aprender a manejarlo a través de un sistema sostenido e integrado para enfermedades respiratorias agudas”, con el objetivo de ayudar a prepararnos para futuras pandemias, agregó. “Pero aprender a vivir con el coronavirus no significa que ignoremos este virus. No significa que aceptemos casi 50.000 muertes a la semana por una enfermedad prevenible y tratable”.

¿Más por venir?

El Dr. Eric Topol, director del Scripps Research Translational Institute en La Jolla, se encuentra entre los que comentan que debemos estar preparados para más sorpresas después de que se desvanezca el aumento de Ómicron.

En una publicación de blog divulgada el sábado, Topol advirtió contra la creencia de que el descenso en los casos de Ómicron significa que la pandemia de 2 años terminará pronto.

Si eso sucede sería fantástico, escribió.

Pero “parece bastante improbable, con tanta población mundial, especialmente en países de ingresos bajos y medianos, [que] aún no se han vacunado”, escribió Topol. “La trayectoria futura de Ómicron no está clara y no podemos descartar una segunda oleada de Ómicron en este momento en lugares de todo el mundo”.

Sería una tontería predecir que las altas tasas de infección de esta variante en todo el mundo llevarían a que el COVID-19 se convierta en una enfermedad por la que todos podamos estar menos preocupados, agregó Topol.

¿Resistencia creciente?

Es posible que las altas tasas de contagios generen una nueva variante que podría ser más resistente a la inmunidad y las vacunas existentes. Y por eso es tan importante avanzar en una vacuna que pueda funcionar en todos los coronavirus; opciones orales y nasales que ayuden a bloquear la transmisión al generar inmunidad en nuestras mucosas; así como aumentar la producción en masa de píldoras anti-COVID-19 que probablemente sean a prueba de variantes, escribió Topol.

“Si hay algo que aprendimos sobre predecir el camino del SARS-CoV-2, es que es impredecible. Así que no deberíamos planear una imagen optimista”, enfatizó Topol.

Otros, sin embargo, sugieren que el final de la pandemia está cerca.

Entre fines de noviembre y fines de marzo, más del 50% de la población mundial se infectará con Ómicron, escribió el Dr. Christopher Murray, director del Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, en una opinión para el diario The Lancet.

Surgirán nuevas variantes, y algunas podrían ser más graves que Ómicron, escribió. La inmunidad disminuirá con el tiempo, y los países deben esperar que los inviernos sean un momento para una mayor transmisión viral, agregó.

Pero los impactos de la futura transmisión del coronavirus en la salud “serán menores debido a la amplia exposición previa al virus, las vacunas adaptadas regularmente a nuevos antígenos o variantes, el advenimiento de los antivirales y el conocimiento de que los vulnerables pueden protegerse durante futuras olas cuando sea necesario mediante el uso de mascarillas de alta calidad y distanciamiento físico”, escribió. “El COVID-19 se convertirá en otra enfermedad recurrente que los sistemas de salud y las sociedades tendrán que manejar”.

“La era de las medidas extraordinarias del gobierno y las sociedades para controlar la transmisión del SARS-CoV-2 habrá terminado”, pronosticó Murray. “Después de la ola de Ómicron, el COVID-19 volverá, pero no la pandemia”.

¿Más oleadas?

El Dr. Ashish Jha, decano de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Brown, tuiteó que Estados Unidos debería estar preparado para otro aumento durante el verano en el sur, a medida que el clima se calienta y la gente se dirige a entornos interiores, y un incremento nuevamente el próximo invierno en el norte, conforme las temperaturas bajan.

“¿Habrá otra variante? Sospecho que sí”, escribió Jha.

Jha sugirió que las restricciones de salud pública, incluidos los mandatos de uso de cubrebocas, se relajen a medida que disminuyen los números de casos y mejora la capacidad hospitalaria.

“Durante futuras oleadas, es posible que tengamos que pedirle a la gente que dé marcha atrás o que vuelva a usar mascarilla”, señaló Jha. “Preservar la disposición de las personas para hacer las cosas es fundamental”.

Entre oleadas, comentó Jha, los preparativos deben continuar. Hizo eco del pedido de Topol de vacunas que puedan cubrir todos los coronavirus o crear una mejor inmunidad en las mucosas de las personas. También abogó por el compromiso del gobierno de Estados Unidos de comprar y almacenar miles de millones de pruebas rápidas a fin de que haya un suministro adecuado para el próximo aumento, así como por la fabricación de una gran cantidad de píldoras contra el COVID-19.

La cuestión de la positividad

En una escala de tiempo más corta, el Dr. Robert Wachter, presidente del Departamento de Medicina de UC San Francisco, tuiteó recientemente los criterios que usaría para determinar cuándo regresar a actividades como cenar en un restaurante en interiores.

Wachter explicó que buscaría una tasa de positividad de la prueba del 1% y una tasa de casos de coronavirus de 10 o menos por día por cada 100.000 residentes.

Algunos expertos y funcionarios de salud pública explican que también hay buenas razones para evitar contagiarse, incluido el riesgo potencial de un COVID prolongado, en donde los síntomas de la enfermedad persisten durante meses o más, o transmitir el virus a una persona mayor o con un sistema inmunológico debilitado.

Pasarán meses antes de que se entienda más sobre una conexión entre Ómicron y el COVID prolongado, señaló Topol en una discusión en línea reciente organizada por Wachter.

Hay razones plausibles por las que la incidencia de COVID prolongado podría ser peor con Ómicron, en comparación con variantes anteriores; otros podrían argumentar por qué es menos probable que esta cepa cause el síndrome, indicó Topol. Pero sin datos adecuados, “deberíamos planificar para lo peor del COVID prolongado”.