Con sólida actuación, México venció a Japón por marcador de 3-1 y se adjudicó el bronce en el fútbol olímpico de Tokyo 2020. Pese a la respuesta de los nipones sobre la hora, el Tricolor aguantó el resultado y cobró venganza tras 53 años.

En el último partido de Jaime Lozano como entrenador del combinado, la selección mostró uno de sus puntos más altos del certamen. En el mano a mano superó al anfitrión en la mayoría de los minutos para sumar la cuarta medalla dela delegación y la segunda en la historia del balompié.

El equipo lució con mayor estabilidad y la recompensa llegó apenas a los 13 minutos cuando una falta en el límite del área, abrió la posibilidad para que Córdova rompiera la portería y le diera oxígeno puro al Tricolor. Mientras que Japón estaba lejos de la versión que brindó en la fase de grupos.

Para el combinado todo tomó forma al minuto 22. Córdova colocó con un guante el balón y dejó a Johan Vásquez para que sentenciara el segundo tanto. El central poco después sería amonestado por una falta en los linderos del área.

Con el dominio absoluto, el Trcioclor estuvo más cerca del tercero. Al término del primer tiempo, se veía a un Kubo incómodo y con dificultades para superar los tres cuartos de cancha. Con el pulso controlado, México se fue al descanso acariciando la presea.

La propuesta de los pupilos Moriyasu cambió para el complemento. Japón empezó a tocar la puerta y tuvo mayor control de la pelota, el cambio de Reo parecía dar efecto. Sin embargo, una segunda asistencia de Córdova, puso a Alexis Vega con la tercera diana.

En una respuesta desesperada, el anfitrión puso todo su arsenal en el campo y aprovechó la relajación del Tricolor para intentar una respuesta, que pudiera permitir soñar con el milagro. Al 78′ Mitoma sacó un chispazo individual y con un buen amague, superó a los defensores para clavar el descuento.

Los nipones tocaron la puerta un par de veces, pero no lo suficiente para meterle miedo a México. El Tricolor le ha arrebato el bronce a Japón y cobró una cuenta pendiente de los Juegos Olímpicos de 1968, cuando la historia fue inversa.