Lhistoria estaba escrita para que fuera para Jon Rahm. El golfista español hizo historia al llevarse el US Open, siendo el primero de su país en el torneo ‘prohibido’ para los extranjeros.

Jon fue a ganar en Torrey Pines, el campo donde ganó su primer torneo profesional con un eagle fabuloso, pero inferior a lo que sucedió el domingo 20, el día en el que Jon cumplía exactamente cinco años en la categoría. La dimensión se agiganta porque vino precedido de otro fabuloso putt para birdie en el hoyo 17 y de una tarjeta final de 67 golpes, que plasmó el nivel de juego exhibido por el golfista de Barrika, de 26 años.

Mientras se producía el desenlace, cogió a su hijo Kepa en brazos como si estuviese entrenando para levantar la copa que hizo minutos después y se paseó entre un pasillo humano que saludaba al campeón, aunque todavía no lo fuese.

Por primera vez en los 20 grandes que ha jugado, Jon arrancó la jornada final birdie-birdie. Fue una concatenación de soberbios golpes, apoyados, ante todo, en los tiros de salida. Cogió calles que en el US Open es de obligado ejercicio y el resto del juego estaba alineado. También el putt, palo que hasta el Memorial, cuando lo apartaron por Covid 19, le había creado dudas desde que cambió de escudería a comienzos de año.

Con todos los golfistas ya en acción, Rahm tenía más de la mitad del camino recorrido. Era segundo con Oosthuizen, a un golpe. Había domingo.

Todos los escenarios del US Open son un Vietnam por definición. Cada error se paga. Lo que logró DeChambeau entre el sábado y el domingo, jugar 28 hoyos sin bogeys, forma parte de los grandes episodios de la historia de esta edición. Rahm lo pagó a la primera. Se fue al bunker en el hoyo 4 y terminó sellando un bogey porque la bola giró hacia fuera en la última vuelta.

 

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