Carey Alexander Washington, de 80 años, psicólogo clínico en ejercicio, llamó a su hija en enero tan pronto como recibió su primera dosis de la vacuna de Pfizer contra el COVID-19.

“Estaba tan emocionado de haberlo hecho”, recordó Tanya Washington, de 49 años, residente de Atlanta, quien trabaja en una firma de inversiones.

Carey recibió su segunda inyección el 4 de febrero. Un poco más de un mes después, el residente de Carolina del Sur comenzó a experimentar dificultades para respirar. Su médico no le hizo la prueba del virus; después de todo, Carey estaba completamente vacunado. En cambio, el doctor lo envió a un cardiólogo, que tampoco le hizo el examen.

El 25 de marzo, Carey murió después de casi dos semanas en el hospital, sus últimos días en cuidados intensivos. El COVID-19 le había destruido los pulmones.

La víctima formó parte así de una pequeña proporción de personas que, aún vacunados contra el COVID-19, luego contrajeron el virus. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) precisaron que alrededor del 0.008% de los individuos completamente vacunados se han infectado, y un aproximado del 1% fallecieron. Según los funcionarios de salud pública, se esperaban casos de este tipo, y su número es muy reducido.

“Ninguna armadura es 100% efectiva”, reflexionó el Dr. John Swartzberg, experto en enfermedades infecciosas en UC Berkeley.

Pero las llamadas infecciones de avance siguen siendo preocupantes, y es probable que las cifras informadas sean más bajas que los casos reales. Sirven como una advertencia para que aquellos completamente vacunados se realicen la prueba si desarrollan síntomas de la infección y para que continúen siguiendo las pautas de salud.

En el caso de Carey Washington, su hija se preguntó si podría haber sobrevivido si se le hubiera hecho la prueba del coronavirus desde el principio, después de que aparecieron sus síntomas. ¿Su estado de vacunación disuadió a sus médicos de hacerle pruebas?

A medida que la pandemia continúa, los investigadores quieren saber más sobre estos casos, incluido el papel que pueden desempeñar las diferentes cepas del virus y si las personas infectadas comparten rasgos o comportamientos que las hicieron más vulnerables. La información podría dar lugar a modificaciones de la vacuna, o de cómo se aplica a determinados individuos.

Stacia Wyman, científica de UC Berkeley que está secuenciando el genoma del virus en los casos más importantes, consideró que debería haber un lugar centralizado para recopilar secuencias genómicas innovadoras, de modo que se puedan detectar patrones y compartir información.

El virus seguirá evolucionando y la secuenciación detecta si es una de las variantes ya identificadas o si ha surgido una nueva. “Esta es la información que necesitamos para combatir la pandemia”, remarcó Wyman, bióloga computacional del Instituto de Genómica Innovadora de UC Berkeley. “Es realmente muy frustrante que no haya mucha organización en torno a esto. No deberíamos esperar un año más para apenas ponernos en marcha con estos casos de avance”.

Los CDC informaron 7.157 infecciones entre 87 millones de estadounidenses que habían sido completamente vacunados hasta el 20 de abril pasado. Casi la mitad de los casos involucraron a adultos mayores de 60 años, y alrededor de un tercio de los infectados no presentaban síntomas. Casi 500 fueron hospitalizados, dos tercios a causa del COVID-19. Murieron 88 personas, el 13% de ellas por causas distintas al COVID-19. Los CDC advirtieron que, posiblemente, no todos los casos hayan sido reportados.

En California, el Departamento de Salud Pública del estado identificó 1.379 casos de infección entre 10.7 millones de residentes totalmente vacunados, condición que ocurre 14 días después de la segunda dosis de Pfizer o Moderna, o de la dosis única de Johnson & Johnson. El departamento aún no tiene información sobre la cantidad de californianos vacunados que fueron hospitalizados o fallecieron a causa de la enfermedad.

Para comprender mejor las infecciones emergentes, los investigadores creen que es importante saber si las vacunas fueron correctamente almacenadas, cuáles eran las condiciones subyacentes y el comportamiento de los “huéspedes” que se infectaron y la naturaleza del virus que los afectó.

¿Estaban las personas tomando ciertos medicamentos que debilitaron la efectividad de las vacunas? ¿Fueron vacunados habiendo dormido poco o bebido en exceso?, se preguntó Swartzberg. ¿Podrían esos factores interferir con la vacuna? “Es pura especulación”, respondió, y añadió que la cantidad de exposición al virus también puede influir en superar la inmunidad que proporciona la vacuna. “La dosis produce el veneno”, comentó. “En muchos casos, si alguien se expone a una gran cantidad de virus en un entorno, más probabilidades hay de infectarse”.

Para el Dr. George Rutherford, un experto en enfermedades infecciosas de la UC San Francisco, no es sorprendente que algunos individuos completamente vacunados hayan muerto de COVID-19. Es bien sabido que las vacunas no ofrecen una protección del 100%, remarcó, y las personas frágiles y ancianas son particularmente susceptibles.

“Hay que recordar que primero vacunamos a los más grandes de los ancianos en residencias para mayores, así que si hubiera casos de avance allí, habría mortalidad”, explicó Rutherford.

Un estudio de los CDC publicado la semana pasada encontró que las vacunas Pfizer y Moderna fueron 94% efectivas para prevenir que los adultos mayores de 65 años se enfermen lo suficiente como para necesitar ser internados. El estudio analizó pacientes en 24 hospitales en 14 estados desde enero hasta marzo de 2021. “La vacunación es una herramienta crítica para reducir el COVID-19 grave en grupos de alto riesgo”, remarcó el estudio.

Otros dos estudios de los CDC sobre casos innovadores en hogares de adultos mayores mostraron que las vacunas protegieron a los residentes, incluso cuando el virus se propagó por dichos sitios.

En un hogar de ancianos especializado, en Kentucky, 18 residentes y cuatro empleados que estaban completamente vacunados se infectaron durante un brote causado por un trabajador no vacunado, con una variante que nunca se había detectado en Kentucky, una cepa poco común que no figura en la lista de preocupaciones de los CDC.

Los residentes y el personal vacunados tuvieron un 87% menos de probabilidades de tener síntomas de COVID-19 que los no vacunados, encontró el estudio. Tres residentes murieron, dos de los cuales no estaban inmunizados.

En el segundo estudio de hogares de ancianos especializados, en Chicago, ocurrieron 22 posibles infecciones de avance entre personas completamente vacunadas. Dos tercios de los infectados fueron asintomáticos. Los otros tuvieron síntomas de leves a moderados, y un individuo murió.

El Dr. Art Reingold, profesor de salud pública de UC Berkeley, señaló que la administración de Biden proporcionó mil millones de dólares para expandir la secuenciación del genoma del virus, lo cual debería facilitar la detección de nuevas variantes y su papel en las infecciones.

“La preocupación es que algunas de las variantes podrían eventualmente desarrollarse de tal manera que las vacunas ya no protejan”, comentó. Si eso sucediera, se necesitarían inyecciones de refuerzo o vacunas reformuladas.

Hasta ahora, añadió, la fracción de las infecciones de avance es pequeña y ello significa que “la gente no debería entrar en pánico”. De hecho, las cifras en California se ven tan bien que la gente podría quitarse las mascarillas en espacios cerrados en verano.

Es más probable que una persona sea alcanzada por un rayo que por una infección de esas características, señaló Swartzberg. Según el Dr. Carlos del Río, experto en enfermedades infecciosas y vacunas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Emory, hay mayor probabilidad que alguien sea atropellado por un automóvil en una intersección concurrida que por desarrollar una infección de avance por COVID-19.

“Es realmente importante que el público ponga esto en perspectiva”, dijo Swartzberg. “Las posibilidades de que alguien presente una infección de avance de cualquier tipo son minúsculas. Y las probabilidades de que alguien la contraiga y se enferme severamente son aún más minúsculas”.

Pero Tanya Washington quiere que la gente recuerde que, aún así, son posibles. Ella cree que su padre fue infectado por un empleado no vacunado, en los consultorios que éste compartía con otros médicos. Su padre contrajo la variante de California, al igual que al menos otra persona en la oficina. “Él consultó a muchos médicos y nadie se percató del COVID”, comentó. “Estaba doblemente vacunado y se encontraba en un entorno que él consideraba seguro”.

Fuente: Los Angeles Times en Español.