En un lapso de cuatro meses durante el cual la campaña de vacunación de Estados Unidos estuvo en una carrera contra una serie de aumentos repentinos de COVID-19, un estudio a nivel nacional descubrió que aproximadamente 10,000 personas se infectaron con el coronavirus después de haber recibido todas las dosis recomendadas.

El dos por ciento de los pacientes contagiados murieron, según un nuevo informe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).

Eso puede parecer una mala noticia. Pero los expertos en enfermedades infecciosas dicen que en realidad es una muy buena estadística.

Entre el 1 de enero y el 30 de abril, 46 estados y territorios informaron un total de 10,262 contagios posteriores a la vacunación. Esos casos representan menos del 0.01% de las 107’496,325 personas en Estados Unidos que habían sido completamente inoculadas para el 30 de abril, según la herramienta COVID Data Tracker de los CDC.

El Dr. William Schaffner, experto en enfermedades infecciosas de Vanderbilt, califica los nuevos hallazgos como un informe sobre las tres vacunas contra COVID-19, las ofertas de dos dosis de Pfizer-BioNTech y Moderna, así como la opción de inyección única de Johnson & Johnson, implementadas hasta ahora en Estados Unidos. Él no se encuentra entre los autores del nuevo informe. Pero está bastante orgulloso.

“Les da una A, si no una A-plus” de calificación, según Schaffner. “Muestra que las infecciones entre las personas vacunadas son, ante todo, inusuales. Y segundo, que hay muy pocas entre estas infecciones que están relacionadas con muertes”.

En el informe publicado el martes, los investigadores de los CDC reconocen que su recuento de 10,262 contagios posteriores a la vacunación es probablemente un “recuento sustancialmente insuficiente”. Muchas personas que se infectaron a pesar de haber sido inoculadas probablemente experimentaron una enfermedad leve en el peor de los casos y no buscaron pruebas para confirmar la causa.

Aun así, el número de infecciones por COVID-19 que fueron prevenidas por las vacunas “superará con creces” la cantidad real de infecciones posteriores a la vacuna, escribieron los autores del estudio en el Informe Semanal de Morbilidad y Mortalidad.

El análisis también encontró que se sabía que 995 personas que habían recibido todas las dosis recomendadas habían sido ingresadas a un hospital. Pero no todos fueron allí debido a síntomas propios del coronavirus; de hecho, el 29% no tenía esta sintomatología y fueron admitidos por otras razones.

En total, 160 personas completamente vacunadas murieron durante el período de estudio. Eso es el 2% de las personas con infecciones graves y el 0.0001% de los residentes de EE. UU. que estaban completamente inoculadas para el 30 de abril. Las 160 personas tenían entre 71 y 89 años.

Los estados que informaron sus muertes certificaron solo que esos pacientes estaban infectados con coronavirus, no que hubieran muerto como resultado del COVID-19. En algunos casos, es posible que otra dolencia fuera responsable de su muerte.

En resumen, si bien las vacunas autorizadas para su uso en Estados Unidos no han sido un escudo inexpugnable contra la infección, han funcionado notablemente bien, señalan los expertos. Incluso cuando ocurrieron los contagios los antígenos probablemente previnieron enfermedades graves, hospitalizaciones y muertes en quienes las recibieron.

“Esto es muy reconfortante”, señaló el Dr. Paul Offit, un experto en vacunas del Hospital Infantil de Filadelfia. A medida que aumenta la proporción de estadounidenses inoculados y recuperados, las infecciones deberían continuar su fuerte descenso, agregó.

Otra tranquilidad vino de otro de los hallazgos del informe: que los contagios posteriores a la vacunación no parecían tener más probabilidades de provenir de las variantes del coronavirus que han suscitado preocupación entre los científicos.

Los estudios han insinuado que las variantes genéticas que surgieron en el Reino Unido, Brasil, Sudáfrica y Estados Unidos podrían erosionar la efectividad de las vacunas. Pero la prevalencia de “variantes preocupantes” entre quienes sufrieron una infección no sugirió que alguna de estas cepas lo estuviera haciendo de manera significativa.

En total, el 5% de las muestras tomadas de pacientes con infecciones conocidas fueron secuenciadas genéticamente y el 64% de ellas resultaron ser variantes preocupantes.

Esta diversidad estuvo estrechamente relacionada con su presencia en la población general de Estados Unidos, la cepa del Reino Unido (conocida por los científicos como B.1.1.7) fue la más común, seguida de dos variantes que se detectaron por primera vez en California (B.1.429 y B.1.427). Otras dos, Brasil (P.1) y Sudáfrica (B.1.351), se situaron subsiguientemente.

“Eso me dice que las vacunas están previniendo infecciones y que no hay elementos

que eluden esa protección”, indicó Schaffner. “Los antígenos están funcionando”.

Pero eso no significa que podamos darnos el lujo de dormirnos en los laureles.

“La presente es una gran boleta de calificaciones, pero sabes que tenemos otro semestre por venir”, agregó Schaffner. “Esperaremos ver cuánto tiempo dura la protección de las vacunas. Y tenemos que seguir monitoreando esas variantes. Debemos permanecer alertas”.