Un nuevo estudio advierte que las exacerbaciones de la gota duplican el riesgo de ataque cardiaco o accidente cerebrovascular (ACV) en los dos meses siguientes.

Un aumento en el riesgo persiste incluso de tres a cuatro meses tras la exacerbación de la gota, encontraron los investigadores, aunque a un nivel más bajo, alrededor de 1.5 veces mayor de lo usual. No se observó ningún riesgo adicional más de cuatro meses tras una exacerbación, ni una recurrencia de los síntomas.

«Con frecuencia, la gota ocurre junto con otros problemas de la salud, como la hipertensión, la enfermedad cardiaca, la diabetes y la enfermedad renal», anotó el autor del estudio, Abhishek Abhishek, profesor de reumatología de la Universidad de Nottingham, en Inglaterra.

Para ver si las exacerbaciones de la gota también aumentan el riesgo de ataque cardiaco y ACV, el equipo del estudio observó los datos de más de 62,500 pacientes con gota  entre 1997 y 2020.

En ese periodo, casi 10,500 de los pacientes sufrieron un ataque cardiaco o ACV tras ser diagnosticados con la gota.

En una observación retrospectiva, los investigadores encontraron que los pacientes tenían dos veces más probabilidades de haber sufrido una exacerbación de la gota durante los dos meses anteriores. También tenían 1.5 veces más probabilidades de haber tenido una exacerbación en los tres a cuatro meses anteriores.

El hallazgo se sostuvo incluso tras excluir a todos los pacientes diagnosticados con enfermedad cardiaca o ACV antes de enterarse de que tenían gota.

Además, los pacientes con gota que murieron de un ataque cardiaco o ACV tenían cuatro veces más probabilidades de haber experimentado una exacerbación de la gota en los 60 días anteriores. Y las probabilidades de que hubiera ocurrido una exacerbación de tres a cuatro meses antes se duplicaron.

El aumento en el riesgo era temporal, y que se redujo del todo tras cuatro meses. Aun así, los resultados sugieren que las exacerbaciones de gota se vincularon con un aumento temporal en los eventos cardiovasculares.

En Estados Unidos, la National Kidney Foundation señala que alrededor de un 4 por ciento de los adultos estadounidenses sufren gota. La afección surge de una acumulación excesiva de ácido úrico, y en general afecta a una articulación a la vez (con frecuencia, el dedo gordo del pie), según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU.

Los hallazgos del estudio no prueban una relación causal entre las exacerbaciones de gota y el riesgo de una enfermedad cardiaca grave.

«En este momento solo podemos decir que hay una asociación».

Pero, según su caracterización, el hallazgo tiene «plausibilidad biológica». Y anotó que el diseño del estudio fue riguroso y exhaustivo, ya que tomó en cuenta una variedad de factores con influencias potenciales, por ejemplo los demás problemas de salud, el historial de medicamentos recetados, las finanzas y las opciones de estilo de vida de cada paciente.

Por suerte, muchos pacientes con gota tienen a la afección crónica bajo control, y previenen las exacerbaciones mediante un cambio en la dieta o al tomar un fármaco que ayude a reducir los niveles de ácido úrico. Una pregunta es si estos pacientes podrían enfrentarse a un aumento similar en el riesgo cardiaco, incluso sin exacerbaciones.

Anderson se mostró de acuerdo en que aunque el hallazgo no prueba que las exacerbaciones de la gota en realidad provoquen ataques cardiacos o ACV, las conclusiones del equipo del estudio son «coherentes con lo que sabemos sobre la inflamación como desencadenante de ataques cardiacos, a partir de infecciones y trastornos metabólicos».

De hecho, Anderson apuntó que las observaciones clínicas anteriores y las «abundantes evidencias de la investigación con animales y humanos» son sugerentes de que «un vínculo causal [es] eminentemente razonable».

Su consejo es que «durante una exacerbación, los pacientes deben ser conscientes de un aumento en el riesgo de ataque cardiaco, y estar atentos a los señales y síntomas del dolor en el pecho [angina], los ataques cardiacos y los ACV, y buscar atención de inmediato para recibir tratamiento».

Para prevenir las exacerbaciones en primer lugar, Anderson recomendó que los pacientes deben tomar todas las medidas estándar para tener su gota bajo control.