La investigación realizada en el sur de California ha confirmado la dramática erosión en la protección de la vacuna de Pfizer-BioNTech contra el COVID-19 frente a las infecciones “de irrupción”.

El nuevo estudio, uno de los más grandes y largos dedicados a rastrear la efectividad de un antígeno en los estadounidenses, encontró que la capacidad de la vacuna para proteger contra la infección fue del 88% en su primer mes, y luego cayó al 47% después de solo cinco meses.

Pero incluso cuando la variante Delta se convirtió en la cepa predominante en el sur del estado, la efectividad del antígeno para prevenir las hospitalizaciones por COVID-19 se mantuvo estable, cerca del 90%, durante seis meses. Es más, mantuvo esa capacidad entre los receptores de vacunas de todos los grupos de edad.

El estudio, financiado por Pfizer y publicado el lunes en la revista Lancet, también proporciona nueva evidencia sólida de que la inmunidad menguante contra la infección probablemente se habría visto con o sin la llegada de la variante Delta.

Los investigadores, dirigidos por la epidemióloga de enfermedades infecciosas, Sara Tartof, de Kaiser Permanente del sur de California, se basaron en varios hallazgos para concluir que la variante Delta no era el factor determinante de la disminución de la eficacia del antígeno frente a los contagios. En cambio, el paso del tiempo pareció ser la clave del resurgimiento de la vulnerabilidad de una persona inoculada.

Para empezar, Tartof y sus colegas encontraron que una nueva inyección, con la vacuna Pfizer-BioNTech, protegía tan bien contra una infección con la variante Delta como lo hizo contra otras versiones del coronavirus.

En segundo lugar, la capacidad del antígeno para conservar a las personas inoculadas fuera del hospital se mantuvo alta durante un período de tiempo en el que la variante Delta ganó terreno en el sur de California.

Y tercero, las infecciones de irrupción estaban más estrechamente relacionadas con la cantidad de tiempo transcurrido desde la inoculación, en comparación con la variante viral particular involucrada.

Al mostrar que la inmunidad menguante, y no la variante Delta, fue la razón probable del aumento de las infecciones de irrupción, el estudio sugiere que puede que no sea necesario reformular un refuerzo de Pfizer-BioNTech que se dirija específicamente a esta cepa. Por ahora, al menos, una tercera inyección idéntica a las dos primeras probablemente ampliaría el registro inicial de protección de la vacuna contra todas las variantes, incluida la Delta, señaló Tartof.

La investigación del sur de California examinó los registros médicos de 3.436,957 pacientes de 12 años o más que se inscribieron en el sistema de atención médica de Kaiser Permanente del sur del estado, entre mediados de diciembre y principios de agosto. Cerca de 2.3 millones de ellos permanecieron sin inocular durante ese período, mientras que poco más de 1 millón recibieron dos dosis de la vacuna de Pfizer-BioNTech, ahora conocida como Comirnaty.

Las tasas de infección por SARS-CoV-2, así como los índices de hospitalización por COVID-19, se contaron para ambos grupos de pacientes y se compararon durante seis meses.

La protección brindada por Comirnaty más allá de los seis meses ha sido una pregunta abierta, insinuada solo por estudios israelíes que sugieren que las tasas de hospitalización por COVID-19 aumentan en los mayores de 60 años.

En otro estudio reciente, investigadores de la Universidad de Emory y Stanford encontraron que seis meses después de ser inoculados con Comirnaty, aproximadamente la mitad de 56 adultos jóvenes y de mediana edad no tenían anticuerpos neutralizantes detectables contra el virus SARS-CoV-2. La inmunidad reducida fue particularmente dramática contra las variantes Delta, Beta y Mu.

Ese estudio se publicó la semana pasada en BioRXiv, un sitio donde los investigadores comparten el trabajo preliminar antes de que haya sido revisado por pares. Pero sus hallazgos de “una disminución sustancial de las respuestas de anticuerpos”, así como una caída en la inmunidad proporcionada por las células T, sugieren que una tercera inoculación de refuerzo “podría estar justificada”, escribieron sus autores.

El estudio de Lancet refleja una población muy grande y diversa de californianos que todavía están siendo rastreados. Como tal, está preparado para ofrecer a los legisladores estadounidenses una idea de quién necesita más refuerzos y cuándo.

“Realmente necesitamos seguir de cerca esto para asegurarnos de detectarlo rápidamente si sucede”, indicó Tartof en una entrevista.

Agregó que el equipo de Kaiser Permanente, en colaboración con Pfizer, continúa analizando sus datos semanalmente. El equipo está preparado para alertar a los funcionarios de salud pública si las hospitalizaciones comienzan a incrementar silenciosamente en algún segmento de la población, añadió.