Los expertos avisaban que era inminente y así ha sido: una erupción volcánica comenzó en la Cumbre Vieja de La Palma, en la zona de Las Manchas.

Había pasado casi medio siglo desde que los palmeros no veían la sangre de la Tierra salir a más de 1.000 grados de temperatura, hasta que este domingo, una enorme columna de humo dio pie a al menos ocho bocas eruptivas en dos fisuras que han lanzado sin parar cenizas y ríos de lava que ya han acabado con al menos una decena de casas, pero que gracias a la antelación y a la predicción de la ciencia, no ha afectado a ningún ciudadano de la isla.

En las primeras horas fueron desalojados los núcleos cercanos de población, hasta las 5.000 personas, aunque la Guardia Civil teme que esa cifra se duplique conforme avance el fenómeno. La lava está discurriendo hacia el oeste, en dirección a la costa, y se prevé que en cuestión de horas alcance las aguas del océano Atlántico. 

Es una incógnita lo que va a durar la erupción, pero tanto el presidente canario, Ángel Víctor Torres, como el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, han garantizado la seguridad de las vidas humanas de la isla y que todos los daños materiales serán restañados lo antes posible.