La controvertida decisión del director de carrera de hacer una vuelta final y obligar sólo parcialmente a unos coches (los que estaban entre Verstappen y Hamilton) a apartarse para ese giro crucial, sigue levantando ampollas en Gran Bretaña, cuando el resto del mundo ha aceptado el resultado como legal, lícito y justo.

La presión de Mercedes y de los medios ingleses, que siguen reclamando que a Lewis se le hurtó el campeonato, provocó que el presidente saliente de la FIA, Jean Todt, abriera una investigación el día antes de marcharse del cargo, para dejarle la patata caliente al nuevo presidente electo, Mohammed Ahmed Ben Sulayem. Después de más de un mes y medio de trabajo, parece que las conclusiones están a punto.

No se harán públicas hasta el 18 de febrero, en el Consejo Mundial del Deporte Motor, donde parece que hará resolución definitiva, después de discutirlas estos días con los equipos de F1 y realizar los retoques finales. Pese a todo, ya hay quien filtra algunas de las posibles resoluciones.

El título es inamovible

Esto parecía claro. Otra decisión hubiera sido un escándalo de proporciones incalculables, tras entregar la copa y darlo por bueno en la Gala de la FIA. Y más cuando todo viene por una aplicación del protocolo, que no decantó el desenlace. Los coches que estaban en medio se hubieran quitado de inmediato para dejar que los dos protagonistas lucharan cara a cara en la vuelta. Max lo ganó en pista y saliendo por detrás, eso es indiscutible.