Con la invasión de Rusia a Ucrania, el covid-19 pasó súbitamente en esas latitudes a un segundo plano. Frente a amenazas de bombardeos y la apremiante urgencia de escapar del país, el uso de mascarillas y el evitar aglomeraciones de personas se convirtieron en medidas secundarias para una población cuya prioridad pasó a ser huir o protegerse del ataque ruso.

En este conflicto, sin embargo, incluso aquellos que logren estar a resguardo de los ataques enemigos pueden quedar expuestos a un ‘tercer ejército’, invisible, pero igualmente letal y al que también serán vulnerables las tropas de ambos bandos: el coronavirus y otros patógenos.

Más muertes por enfermedades, que por las armas

La humanidad lo ha vivido antes: hay teorías que apuntan a que una variante más agresiva de la influenza, virus causante de la pandemia de 1918, se originó en un campo de entrenamiento en Kansas durante la Primera Guerra Mundial.

Más soldados y civiles murieron por enfermedades infecciosas durante esa guerra, que por las armas.

Un patrón similar al de las guerras napoleónicas en las que murieron 8 veces más personas por enfermedades, que por heridas de guerra.

La neumonía, la fiebre tifoidea, disentería y la malaria causaron la muerte de 660,000 estadounidenses durante la Guerra Civil . A estas enfermedades se les apodó el ‘tercer ejército’, advierte un reportaje que, en 2002 —mucho antes de que el coronavirus apareciera en el horizonte— indagó en la relación entre las enfermedades infecciosas y las guerras.

Desplazamientos de multitudes de gente, hacinamiento en refugios, poco acceso a agua potable y colapso de los sistemas de salud son factores que hacen de las guerras un problema de salud pública.

En los campos temporales de asentamiento donde se reubica a la población afectada por una guerra, la mortalidad se incrementa en 60%.

La suspensión de programas de prevención y vacunación durante las guerras conlleva un aumento en enfermedades infecciosas como la tuberculosis, malaria, fiebre amarilla, fiebre de Lassa, el sida, sarampión y otras.

La guerra civil en Afganistán, donde la malaria, que había estado bajo control hasta 1979, se disparó en los subsiguientes veinte años.

Una amenaza para el mundo entero

“La globalización ha hecho que estas amenazas previamente remotas sean relevantes para la seguridad de salud en el mundo entero”.

Advierten que en 2001 más de la mitad de las epidemias de importancia mundial ocurrieron en zonas de conflictos armados y que estos son terreno fértil para el surgimiento de patógenos, como el ébola en Uganda.

Además, el uso inadecuado e incompleto de antibióticos y falta de controles regulatorios pueden impulsar la emergencia de bacterias resistentes a los antibióticos.

 

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