Gracias a Dios por el Halo que, en última instancia, creo que me salvó y me salvó el cuello. Fue una clara muestra de como un milisegundo cambia una carrera a algo más aterrador, así que siento afortunado”. Así definió Lewis Hamilton el susto que pasó al sentir el neumático trasero derecho del Red Bull de Max Verstappen, sobre su cabeza. Poco, pero impactante y decisivo de no ser por el Halo.

“Luego me dolió mucho la cabeza, el cuello estaba algo más rígido y cosas que con la adrenalina del momento no noté, solo queria seguir, pero desde luego es la primera vez que me cae un coche encima”, aseguró el siete veces campeón del mundo. “Aunque creo que viviré”, cerró.

El autor del milagro, otra vez, fue el Halo, el tan criticado al principio dispositivo de protección de la cabeza, implantado obligatoriamente en 2018, pero desarrollado durante otro lustro tras los accidentes fatales de Henry Surtees en la F2María de Villota por las secuelas tras un test, Jules Bianchi en el GP de Japón o Justin Wilson en 2015.

“El Halo definitivamente salvó la vida de Lewis. Habría sido un accidente horrible, en el que ni siquiera quiero pensar, si no hubiéramos tenido el Halo”, reconoció Toto Wolff, que en el inicio de los tiempos, bromeaba con que “lo arrancaría con una motosierra de lo feo que es, aunque sea efectivo, pero pesa demasiado”, decía en 2017.