Semanas atrás medios estadounidenses reportaron que el gobernador de Florida, Ron DeSantis, habría sido tentado por el entorno del ex presidente Donald Trump para que sea su compañero de fórmula en una eventual postulación al Poder Ejecutivo en 2024. Y no sería una sorpresa si eso ocurriera. La carrera de DeSantis está directamente ligada a la del ex presidente republicano. De ser un congresista federal ignoto en su estado pasó a quedarse con la nominación del partido republicano para la gobernación de Florida por sobre el carismático y reconocido Adam Putnan, todo porque Trump lo apadrinó. El resto es historia: DeSantis ganó una elección muy reñida, el presidente Trump le dio una plataforma nacional y la pandemia lo convirtió en figura.

Su nivel de reconocimiento llegó a un nivel en el que quizás DeSantis no necesite ser el número dos de Trump, sino que aspire directamente a encabezar una boleta.

Faltan más de 40 meses para noviembre de 2024, una cantidad de tiempo que para ciertos aspectos de la política es una eternidad pero para otros es poco tiempo. Nadie va a anunciar oficialmente a esta altura una candidatura, pero tras bambalinas se habla del tema, se tejen alianzas, se recauda dinero y se conforman equipos.

DeSantis está siguiendo el manual al pie de la letra. La recaudación está en curso y está empezando a recorrer el país, buscando afianzar su perfil de líder conservador. Su más reciente parada fue en el estado pendular (tal como se denomina a los estados que en cada elección tienen más posibilidades de elegir un partido diferente, volviéndose los lugares que definen una elección nacional en Estados Unidos) de Pensilvania. Ante una sala llena de republicanos que lo aplaudieron de pie, el gobernador de Florida habló de su visión para el país. Y si bien no dijo nada acerca de sus planes a futuro -más allá de la reelección a la gobernación de su estado que será el año que viene- su frase final dejó en claro para muchos que va por más.

En la imagen, el gobernador de Florida, el republicano Ron DeSantis. EFE/EPA/CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH/Archivo En la imagen, el gobernador de Florida, el republicano Ron DeSantis.

“Les puedo decir esto: en el estado de Florida, conmigo como gobernador, sólo he empezado a pelear”, afirmaba DeSantis.

Esto ocurrió durante la cena del día de Lincoln organizada por el comité republicano del condado de Allegheny. 750 personas asistieron al evento, muchos de ellos importantes donantes del partido republicano. Antes del discurso, un pastor dio la bendición al evento y durante su mensaje aseguró que DeSantis sería “un gran presidente”. La sala entera aprobó con aplausos.

En el discurso del gobernador hubo varios momentos que encendieron al público. Desde su promesa de luchar contra los grandes oligarcas de las empresas de tecnología, hasta el “daño de la prensa corporativa de izquierda”, pasando por su oposición a quitarle fondos a la policía y el rechazo a que se enseñe en las escuelas la “teoría crítica de razas”. Básicamente el ABC del movimiento conservador actual.

Como frutilla del postre, el gobernador habló de su manejo en la pandemia.

“Todo lo que puedo decirle a los estados que aún están en problemas es: abran sus estados, abran las escuelas, pongan fin a la obligatoriedad de usar máscaras. Permitan que la gente viva y progrese. En última instancia, elijamos la libertad sobre el Faucismo,” decía haciendo un juego de palabras entre fascismo y Fauci, el apellido del principal epidemiólogo del país.

Su aparición en Pensilvania es solo uno de los compromisos a los que DeSantis está asistiendo en todo el país, mientras empieza a formar una imagen más allá de las fronteras de Florida.