El Ejército de Birmania cortó el suministro de agua corriente en la ciudad de Mindat, en el occidental estado Chin, donde previamente decretó la ley marcial a raíz de la fuerte oposición de los residentes contra la junta militar, informaron  medios locales.

Según el portal opositor Khit Thit Media, los soldados cerraron el lunes el flujo de agua en esta población montañosa, que depende completamente del suministro público y que no cuenta con pozos de agua subterránea al encontrarse a más de 1.480 metros de altura.

Residentes de Mindat, con unos 46.000 habitantes, señalaron que las reservas podrían durar alrededor de dos días.

La medida de represalia, vinculada a la estrategia de “cuatro cortes” (fondos, suministros, inteligencia y reclutas) adoptada por el Ejército birmano desde 1968, llegó a pesar de que los soldados tomaron posesión de la ciudad durante la tarde del sábado.

Ejercito birmano en las calles para detener las protestas de los civiles. REUTERS/Stringer/File PhotoEjercito birmano en las calles para detener las protestas de los civiles.

Las Fuerzas Armadas asediaron la ciudad por varios días y llegaron a disparar artillería pesada contra la población, donde se afianzó el recién formado grupo de la Fuerza de la Defensa Chin, que aseguró haber logrado numerosas bajas entre las filas militares.

Medios locales informan que el operativo militar también dejó al menos 9 muertos entre rebeldes y civiles, entre ellos un niño de 10 años.

Para evitar una mayor destrucción y derramamiento de sangre, las fuerzas rebeldes prefirieron parar los combates y refugiarse en las montañas.

Al menos 802 personas perdieron la vida tras el golpe de Estado del 1 de febrero a raíz de la brutal represión de las fuerzas de seguridad contra las manifestaciones pacíficas en oposición al mando castrense, según cifras de la Asociación para la Asistencia de Presos Políticos, que también contabilizó más de 5.200 detenidos.

Protestas en Myanmar. REUTERS/via REUTERS Protestas en Myanmar.

El goteo de muertos continuó en las últimas semanas pese al compromiso adquirido por el general Min Aung Hlaing, líder de la junta, de parar la violencia contra civiles durante la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) celebrada en Yakarta el pasado 24 de abril.

Desde esa fecha y hasta el lunes, más de 50 personas perdieron la vida a manos de los fuerzas de seguridad en todo el país.

A pesar de la violencia e intimidación de las autoridades, miles de personas continúan desafiando el poder de la junta militar a lo largo del país a través de un popular movimiento de desobediencia civil, aunque algunos manifestantes han decidido unirse a guerrillas étnicas y combatir al Ejército con las armas.

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Desde el levantamiento, también se incrementaron las ofensivas entre el Ejército birmano y algunas guerrillas, como los rebeldes Ejército de Liberación Nacional Karen, en el este del país, y el Ejército para la Independencia Kachin, en la región norte.

El Ejército justifica el golpe de Estado por un supuesto fraude electoral en los comicios de noviembre, en los que arrasó el partido de la nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, como ya hiciera en 2015, y que cuentan con el aval de los observadores internacionales.