El suicidio sigue siendo una de las principales causas de muerte en todo el mundo, según estimaciones de la OMS, publicadas por «Suicide worldwide». Cada año pierden la vida más personas por suicidio que por VIH, paludismo o cáncer de mama, o incluso por guerras y homicidios.

La OMS ha determinado que para el 2023 es muy probable que la salud mental sea la principal fuente de discapacidad en el mundo. Durante este último año, la pandemia ha sido el detonante principal de los problemas de salud mental, sin embargo, es en este contexto en que muchos padres se han dado cuenta de c24ómo venían trabajando desde casa ¿Se les permitían a sus hijos tolerar la frustración? ¿Qué es lo que realmente les afectaba? ¿Cómo es la counicación con sus hijos?

Estos últimos días una noticia que ha recorrido el mundo es sobre el lamentable caso de suicidio de Drake Hardman, un niño de 12 años que decidió quitarse la vida tras episodios constanstes de acoso por parte de sus compañeros de clase. Aquel día el menor de edad decidió no ir a sus clases de básquetbol y prefirió quedarse en casa descansando, es ahí donde se dio el desenlace para poner fin a su vida.

Entre los jóvenes de 15 a 29 años, el suicidio es la cuarta causa principal de muerte, por detrás de los traumatismos debidos al tránsito, la tuberculosis y la violencia interpersonal.

La comunicación es un factor importante para realmente llegar a nuestros hijos y cuidar su salud mental. Si observamos algo que no podemos manejar, pedir ayuda también es importante. ¿Cómo saber a qué señales estar alerta?, la especialista señala lo siguiente:

• Se sabe que cuando las emociones están reprimidas, no se manifiestan y comunican o cuando las emociones son muy intensas, se somatizan. Al somatizar, el cuerpo las manifiesta, entonces se disminuyen las defensas y se está más propenso a contraer enfermedades.

• La ansiedad es una emoción que viene conectando mucho con niños y adolescentes. Hay mucha impulsividad, falta de autocontrol, poca tolerancia a la frustración.

• Hoy en día los adolescentes están más conectados a la tecnología, lo cual es otro factor que aumenta la ansiedad y termina en un círculo vicioso.

• Muchas veces los niños y adolescentes están tanto tiempo conectados que no nos damos cuenta de cuánta ansiedad les genera.

• Debemos estar atentos también a cuando necesiten ser escuchados. No debemos invalidar lo que ellos sienten, si tienen un problema hay que saber escucharlos y marcar límites.

• Estar alertas ante situaciones de autolesión por parte de los menores de edad.

• Conversar con el menor frente a actitudes que aparentemente buscan “llamar la atención”. No se debe desestimar, por el contrario puede tratarse de una alerta exteriorizada y canalizada de forma confusa por parte del menor.

Finalmente, de darse estos casos y si la familia toma la decisión de con el especialista a realizar terapia, recordar que esta no es solo para los niños, sino también para los padres. Ambos podrán tener un propio espacio, conversar y decir lo que piensan.

Entre tanto, las tragedias por homicidios y suicidios asociadas a la proliferación de armas en Estados Unidos continúan su desfogue, con el agravante que la situación es ya parte de los estándares diarios.  Las noticias de estas tragedias aparecen cada vez con más frecuencia en nuestra cotidianidad.

Durante el año 2021, en hechos asociados a la posesión doméstica de armas en los hogares estadounidenses, entre homicidios y suicidios, en Estados Unidos se tiene un total de 44.000 víctimas. Los suicidios llegarían a un total de 24.000 y los homicidios de 20.000.

¿Qué hace que la tasa de suicidios sea alta? Vacíos estructurales de vida, quizá.  Una sociedad que lucha contra sus propios fantasmas asociados a competitividad constante, a perseguir la actitud de la porrista en todo, con pánico al fracaso o la marginalidad impuesta por el espíritu de la manada siempre ávida de cambio.  Es posible. Estos son factores que pueden estar incidiendo para que estas tragedias se impongan.

Y no se trata de que en otros países la situación no sea menos drástica. Lo que ocurre es que la sociedad estadounidense se precia de ser desarrollada y es indiscutible que en función de la tecnología ha tenido grandes logros.

Es evidente que en las actuales condiciones no es necesario tener un rifle automático o semi-automático de asalto, disparando 130 balas por minuto, para cazar los conejos que han logrado sobrevivir a nuestra civilización. Se trata de una crisis que se retroalimenta a sí misma. La sociedad estadounidense parece incapaz de sobreponerse a esta dinámica de tragedias. Es un negocio crematístico fomentado por la codicia. Millones de dólares aceitan una cultura de muerte que se impone todos los días, sin que se vislumbren algunos correctivos, por mínimos que sean.