Entre otras cosas, es especialmente útil para relajar las fascias. Si no has oído hablar nunca de ellas, son el tejido conectivo que está presente en todo nuestro cuerpo y rostro y que protegen y recubren las estructuras internas, como los músculos. Les ayudan a su movilidad y evitan los roces.

Por la edad, la postura, la tensión o el estrés, las fascias se tensan y se acortan y esto provoca un mal drenaje de las toxinas y se acumula más acidez. Pues bien, con este masaje se consigue relajarlas para ayudar a estimular el riego sanguíneo, oxigenar los tejidos y drenar el sistema linfático de la zona del escote, cuello y rostro.

Además, es un automasaje de acción mecánica que consigue tonificar la piel, remodelar ligeramente el óvalo facial, elevar los pómulos y cejas, mejorar el doble mentón, suavizar los surcos nasogenianos y las comisuras de la boca y activar la luminosidad de la piel.

Para ello necesitas 2 cucharas soperas frías (mételas en la nevera o congelador antes de hacerte el masaje). También necesitas un sérum o aceite facial para aplicarlo sobre la piel.

Lo recomendable es realizar cada movimiento unas 3 veces. La duración del masaje completo ronda los 5-7 minutos, dependiendo de la velocidad con la que lo hagas.

Realízalo a diario para relajar la musculatura y evitar las contracciones que producen el descolgamiento. Si no puedes hacerlo todos los días, al menos guárdate un par de ratitos a la semana.

Antes de hacer el masaje, procura tener la cara bien limpia y seca. Después, comienza apoyando las cucharas siempre por la zona cóncava, con cuidado de trabajar con suavidad los puntos linfáticos que hay en los párpados inferiores, sin hacer demasiada presión.

Al masajear los párpados superiores, hazlo siempre por el hueso superciliar, en las cejas, nunca encima de las zonas blancas de los párpados.