La tensión en la frontera entre Polonia y Bielorrusia por la crisis migratoria sigue incrementándose, mientras los países de la Unión Europea tachan la situación de chantaje del presidente bielorruso, Aleksandr Lukashenko. El Gobierno de Polonia ha reconocido que esta crisis no se resolverá “rápidamente” y que incluso puede durar meses, “o años”. Para tratar de frenarla, han confirmado que el proyecto del un muro que dividirá la frontera entre ambos Estados comenzará su construcción el próximo mes.

El muro, que se ejecutará según una ley que se aprobó hace dos semanas, tras ser sancionada por el presidente Andrzej Duda, contempla el levantamiento de un muro de cinco metros de altura y 180 kilómetros de largo, casi la mitad de la extensión que ocupa la frontera entre ambos países.

Además, este muro irá equipado con postes de acero de cinco centímetros, bobinas de alambre con púas de 50 centímetros y una cámara con detector de movimiento.

El proyecto, que en un principio se intentó que fuera sufragado por la Unión Europea, finalmente será pagado por Polonia y costará en torno a los 335 millones de euros, a los que se le añade un sistema de vigilancia electrónica valorado en más de 20 millones.

Según justificó el viceministro polaco de Defensa, Marcin Ociepa, el pasado tres de noviembre, “la seguridad y los sentimientos humanitarios pueden conciliarse”, y afirmó que “cualquiera que cruce la frontera (con Bielorrusia) será atendido según el procedimiento apropiado“.

“No hay otra manera”, enfatizó Ociepa, “debemos enviar un mensaje al mundo de que la frontera polaca es segura”.

Además, ya en octubre el Ejecutivo polaco aprobó una reforma urgente de la ley de extranjería para permitir expulsiones inmediatas de migrantes ilegales, sin que se consideren siquiera sus peticiones de asilo.

Actualmente, el Gobierno polaco mantiene desplegados más de 10.000 efectivos en la zona, 6.000 de ellos militares. Paralelamente al proyecto del muro, el Ministerio del Interior de Polonia ha comunicado que desplazará a la frontera a 750 guardias fronterizos adicionales.

Desde el recrudecimiento de la crisis migratoria, Varsovia ha recibido acusaciones de expulsar ilegalmente a migrantes y un reportaje de la cadena polaca TVN24 emitido el martes mostró cómo miembros de la Guardia Fronteriza polaca interceptaban a un grupo de migrantes de Kurdistán, entre los que había varios niños, y supuestamente les obligaban a volver a territorio bielorruso.

Varsovia acusa a Minsk de orquestar una oleada migratoria en la frontera polaca para “desestabilizar a la UE” y provocar una “guerra híbrida”. Asimismo, Polonia considera que Rusia contribuye con su apoyo logístico a establecer una ruta de transporte que conduce a migrantes de países como Irak y Afganistán hacia la frontera polaca.

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