“Los hospitales se están inundando. Michigan está en llamas”, ha alertado Jonathan Reiner, profesor de medicina de la Universidad George Washington.

Este estado se está viendo azotado por la propagación descontrolada de la variante de coronavirus B.1.1.7., detectada por primera vez en noviembre en Inglaterra, anticipando lo que podría ocurrir en breve en el resto del país pese al éxito de la campaña de vacunación.

Hace solo unas semanas, Michigan reportaba apenas 560 casos diarios. Pero este sábado se convirtió en el que más infecciones registró en todo el país, con casi 7,000 nuevos casos y 74 muertes

Las hospitalizaciones se han multiplicado por cuatro en las últimas dos semanas.

Florida es el estado que más casos reporta de esta variante, seguida de Michigan, Minnesota y Massachusetts, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés).

Esta cepa es entre un 43% y un 90% más contagiosa, según un análisis de 150,000 muestras de enfermos del Reino Unido publicado en la revista Science, y ahora es la cepa dominante en Estados Unidos.

Gretchen Whitmer, gobernadora demócrata, instó el viernes a suspender por dos semanas las clases presenciales de la escuela secundaria, todos los deportes para jóvenes y las comidas en el interior de restaurantes.

“Michigan es el referente de lo que ocurre cuando la variante B.1.1.7. se propaga en Estados Unidos”, explicó la doctora Celine Gounder. El estado acumula más de 820,000 contagios y más de 17,000 muertes por COVID-19, según datos de la cadena NBC News.

“Está provocando un aumento en los casos y complicaciones más graves, lo que significa que incluso las personas más jóvenes, de entre 30, 40 y 50 años se están enfermando gravemente y siendo hospitalizadas”, añadió Gounder.

El aumento de casos en  Michigan es una combinación de dos factores, según Gounder: la propagación de la variante B.1.1.7 y la relajación de las medidas con motivo del éxito de la campaña de vacunación.

La gobernadora prometió este fin de semana seguir presionando a la Casa Blanca para obtener más vacunas con las que frenar el aumento de casos.

Pero Gounder cree que acelerar la campaña de vacunación tampoco ayudará en Michigan. El motivo es que se necesitan unas dos semanas después de la segunda dosis de vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna para que las personas sean inmunes. Pero el período de incubación, que es el tiempo desde que se alguien se expone hasta que se infecta con el coronavirus, “es de cuatro a cinco días”.

“De modo que no hay forma de que aumentar la vacunación ayude a frenar esto cuando mientras la transmisión es tan alta. Lo único que podría frenarla son las medidas que entren en vigor de inmediato, como no cenar en interiores y socializar al aire libre”, agregó.

Casi 120 millones (el 35.9%) de personas en Estados Unidos han recibido una dosis de alguna de las vacunas contra el COVID-19 y más de 72 millones (el 22%) ya están inmunizados, según datos de los CDC.

El país podría alcanzar los números de vacunación necesarios para controlar el virus en los próximos meses, pero el país debe atajar las dudas contra las vacunas. “El último 20% a 30% será el más difícil de vacunar porque muchas personas en este país todavía dudan”, afirmó Reiner. Si no vacunamos a ese último 30%, todavía tendremos que vivir con este virus durante mucho tiempo”, recordó.